Las recientes declaraciones del presidente del Consejo Estatal de Morena, Jorge Sanén, lejos de descalificar las aspiraciones del titular de la Agencia Nacional de Aduanas de México (ANAM), Rafael Marín, revelan la profunda fuerza y el arraigo que su posible candidatura genera desde las bases, ante lo cual la dirigencia estatal muestra una visible inquietud.

Al cuestionar si Marín ha “levantado la mano” para expresar su interés, Sanén pasa por alto un principio fundamental del movimiento: la postulación debe surgir del reconocimiento al trabajo, la trayectoria y el apoyo popular, no de una autoproclamación. Los numerosos eventos y muestras de apoyo espontáneo (“rafistas”) que se han generado en el estado son la prueba más democrática de ese respaldo ciudadano y militante que ningún dirigente puede ni debe intentar “invisibilizar”.

La referencia a que “no era el momento” durante el informe de la senadora Anahí González contradice el dinamismo político. Morena es un partido vivo, donde el diálogo y la expresión de simpatías son constantes. Lejos de ser una falta de respeto, fue una demostración de que existe un sector fuerte que visualiza en Marín al continuador idóneo de la Cuarta Transformación en Quintana Roo.

Resulta significativo que el propio Sanén reconozca que “es más difícil conseguir la candidatura que ganar la elección”. Esta afirmación subraya la solidez de Morena, pero también la intensa y legítima contienda interna. En ese escenario, la figura de Rafael Marín –fundador, servidor público de amplia experiencia y con un mensaje claro de unidad más allá de lo electoral– emerge como la que puede aglutinar de manera más amplia y entusiasta al electorado, garantizando la victoria y la gobernanza por muchos años más.

La “mejor Gobernadora del país”, a quien todos en Morena respaldan, merece un sucesor que garantice darle continuidad y profundidad a sus logros. Por su trayectoria, por el respeto que inspira y por el apoyo popular que crece de manera orgánica, Rafael Marín se presenta no como un candidato impuesto, sino como el que surge desde la base, convirtiéndose en la opción más sólida y natural para conducir el destino de Quintana Roo y mantenerlo en el camino de la transformación.

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